enero del 2012
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Con la visita al pueblo de Cañas terminamos la Ruta de los Monasterios.
El Monasterio de Santa Maria del Salvador, también llamado simplemente Monasterio de Cañas por su ubicación fue construido en el siglo XII aunque la mayoría de sus dependencias fueron edificadas a lo largo del XIII. Apenas quedan más restos románicos que los cimientos y en conjunto, es un ejemplo del estilo gótico más puro por lo que se le considera la joya gótica de La Rioja. Popularmente los lugareños se refieren a él como la abadía de la luz por sus grandes ventanales lo que lo hacen diferente de todos las demás monasterios de esta ruta. El de Cañas es uno de los primeros monasterios femeninos de la Órden del Cister en España, todavía habitado por monjas de clausura. Fue declarado Monumento Nacional en 1943.
El conjunto del monasterio lo conforman cuatro valiosísimos elementos. Cualquiera de ellos por separado, sería digno de una visita, tanto por su belleza como por su valor artístico.
El más llamativo sin duda es la Iglesia. De estilo gótico-cisterciense, fue comenzada en el siglo XIII pero la obra estuvo paralizada casi 3 siglos por motivos económicos, siendo retomadas las obras en el siglo XVI. Su decoración es escasa y sencilla solo unos motivos vegetales en los capiteles, ya que la verdadera decoración es la estructura de su cabecera, con tres ábsides abovedados con crucería de finos nervios, En el extremo opuesto se encuentra el retablo mayor renacentista, del siglo XVI, con ricas pinturas e imágenes de Andrés de Melgar y Guillén de Holanda.
Pero sin duda la protagonista es la luz. La iglesia se distribuye en tres naves con crucero adornadas por un total de veinte ventanales recubiertos de alabastro blanco dejando pasar los haces de luz que rebotan por el recinto, dotando a la iglesia de un mágico juego de luces y sombras. El ábside mayor expone la mitad de ellos divididos en dos niveles, lo que data al altar de una gran luminosidad. Dos ventanales en cada fachada de la nave central, dos a cada lado del crucero y uno en cada uno de los ábsides menores completan la dotación y garantizan la magia de la luz en la iglesia.
La Sala Capitular del Monasterio, de gran altura y amplitud, dividida en cuatro espacios abovedados con crucería que se apoyan en una columna central y al que se accede desde una amplia entrada con tres vanos rodeados de arquivoltas apuntadas y muy decoradas con los mismos motivos vegetales.

Aunque la verdadera joya del Monasterio de Santa María de San Salvador es el sepulcro gótico que guarda el cuerpo incorrupto de la hija del fundador y abadesa de la Orden, Urraca López de Haro y Ruiz de Castro (1225-1262). Ingresó a la muerte de su padre siendo una niña y murió a los 92 años así que pasó prácticamente toda su vida en el monasterio y se le considera la verdadera impulsora su grandeza. Con esta abadesa se comenzó a construir la iglesia, la sala capitular y principales dependencias (cocina, cilla, comedor etc.). También un hospital en la villa, Su bello sepulcro gótico se encuentra en la sala capitular presidiendo un conjunto escultórico de gran naturalidad.
Conjunto de portadas. Hay varias, magnificas. Además de la ya mencionada de acceso a la Iglesia hay otra espectacular que la comunica con el claustro, ejemplo del cisterciense, con cuatro arquivoltas apuntadas. También hay otras más sencillas, románicas de medio punto y otras de transición.
También se puede visitar el Claustro, de planta cuadrada, con un pequeño jardín en el centro rodeado de arcos de medio punto, el claustro bajo con galería cerrada y el alto también con arcos cegados y una pequeña ventana adintelada en el centro de cada uno
Y por último el Museo del Monasterio Situado en la antigua cilla (almacén de grano), donde se exponen la mayoría de las obras de arte que el monasterio ha acumulado a lo largo de los siglos. En esta gran sala encontramos retablos, imágenes, relieves, pinturas etc… Se trata de uno de los primeros museos de toda España que ha incorporado la fibra óptica para iluminar la estancia con total garantía de conservación de las obras expuestas.
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Marga G.-Chas Ocaña

El Monasterio de Valvanera esta dedicado a la veneración de la Patrona de La Rioja, la Virgen de Valvanera, de la que guarda la imagen original, convirtiéndolo así en un objetivo de peregrinación. Pero los orígenes, tanto del edificio como de la talla no están claros.
El Monasterio está enclavado en la montaña, a unos 1000 metros de altitud en el Monte Morí de la Sierra de la Demanda, en plena Rioja Alta, rodeado de vegetación y con una vistas privilegiadas, lo que lo convierte en un remanso de paz y espiritualidad.
La primera iglesia asentada en este enclave, en la que se estableció el principio de la vida cenobítica fue visigótica, datada en el siglo X, en la época de Leovigildo. Sobre ella se edificó un templo prerrománico del que queda constancia de su consagración por el Obispo Fortuno pero del que no quedan restos. Posteriormente se construyó otro románico del que se conserva la torre. Con el paso de los siglos las construcciones se siguen sucediendo, la iglesia actual es gótica del siglo XV al igual que la biblioteca, que es muy interesante porque alberga manuscritos y libros de gran valor, entre los que destaca un códice miniado del siglo X. La Edad Media fue su época de mayor esplendor con donaciones de monarcas y como lugar de peregrinación. En el siglo XIX fue saqueado por las tropas de Napoleón y a causa de la desamortización tuvo que ser abandonado por los monjes hasta su última restauración y consecuente reinstalación de la vida monástica por sus antiguos ocupantes, los monjes benedictinos.

Con la imagen de la Virgen pasa algo similar, aunque está datada como románica del siglo XI y considerada una de las imágenes de la Virgen más antigua de España, se sabe que es anterior. Su hallazgo fue narrado en castellano lengua “vulgar y materna” por Gonzalo de Berceo y traducido al latín por el Abad de Valvanera para su inclusión en la “Historia Latina”, conservada en la biblioteca del monasterio. Cuenta que Nuño Oñez, un ladrón arrepentido ante los rezos de su víctima tiene la visión de un ángel que le revela el emplazamiento de una imagen de la Virgen Maria. Con la ayuda del clérigo Domingo encuentra la Sagrada Imagen y comienzan a edificar una sencilla iglesia, el primer lugar de culto en el emplazamiento, en el último tercio del siglo IX.
La Imagen representa a la Virgen Maria portando al Niño que, sentado sobre su regazo, vuelve el rostro a la derecha, bendiciendo y mostrando un libro, pero sus pies descalzos miran en sentido contrario, lo que da hasta un poco de grima. El autor y la fecha de la talla son desconocidos, pero podría ser anterior a la fecha de su supuesta aparición por algunos de los detalles del dibujo: la túnica de la Virgen tiene amplias bocamangas como la moda de las cortes del siglo IX, especialmente la asturiana, pero el manto del Niño es fiel al estilo de las clámides imperiales bizantinas, por lo que se puede situar a finales del XVIII o principios del IX dado su estilo bizantino/visigótico.
La Abadía cuenta además con una Hospedería regida por los propios monjes. Esta muy bien de precio para el lugar privilegiado que es, tiene restaurante con especialidades de los religiosos, bar, un amplio salón social y resulta un excelente punto de partida para realizar excursiones por los alrededores aunque las reservas deben hacerse con bastante antelación.
Marga G.-Chas Ocaña

A los pies de la Sierra de la Demanda y bañado por el río Cárdenas, encontramos el pueblo de “San Millán”, al principio a secas y a partir de 1199, gracias a una bula, “de la Cogolla”, derivación de Cogulla (cima de monte), quizá por estar a más de 700 m. de altitud. En sus tierras reposa uno de los monasterios con más historia y raigambre de la península.
El conjunto monumental de San Millán de la Cogolla está formado por dos monasterios:
San Millán de Suso (de arriba) el más antiguo, fundado en el siglo V. Está construido a partir de una cueva donde se conservan dos claustros y encastrado en la montaña. Su arquitectura tiene elementos visigóticos, mozárabes y prerrománicos. De él se conserva un archivo monacal a partir del siglo IX, del que salió una magnífica colección de códices que aún hoy se conservan en buen estado. Llegó a convertirse en unos de los centros culturales más importantes de Europa debido a su scriptorium (escritorio), del que han perdurado las primeras palabras escritas en castellano y en euskera. Se le conoce como la “cuna de la lengua castellana” porque en él sirvió como notario Gonzalo de Berceo, primer poeta castellano, que reposa entre sus muros en una capilla románica. Actualmente pertenece al Estado, está deshabitado y puede visitarse con acceso restringido.
El Monasterio de Suso también es conocido como el Panteón de los siete héroes castellanos: Cuenta la leyenda que siete hermanos, hijos de un noble de nombre Gonzalo Gustioz, fueron capturados por los musulmanes en una emboscada, tras lo cuál fueron trasladados a Córdoba donde los mantuvieron presos para después decapitarlos. Una de las criptas de las cuevas originales del Monasterio de Suso alberga los siete sepulcros de los infantes.
En la segunda cueva llamada Oratorio de San Millan, podemos encontrar el cenotafio de San Millan. Se trata de una escultura yacente del santo de época románica (siglo XII), pero también, en esta misma cueva se encuentra el que está considerado como el altar más antiguo de España.
Marga G.-Chas Ocaña

Hay unos 40 monumentos, entre castillos, torres y fortalezas, en la comunidad de La Rioja, todos ellos de interés y todos ellos fuente inagotable de historias y leyendas.
El castillo de Clavijo es uno de los más famosos por varias razones. La primera es que indudablemente es una fortificación imponente. Situada en lo alto de un roquedo casi cortado a pico por una de sus caras, dominaba todo el terreno circundante y la hacía prácticamente inaccesible. La construcción es de forma alargada, adaptada a la roca sobre la que se asienta y con la que –al paso de los años- parece haberse mimetizado.
Sufrió modificaciones a lo largo de los siglos, además estuvo ocupada tanto por moros como por cristianos. Su origen árabe se data en el siglo X y la estructura original es de estilo andalusí, aunque posteriormente se amplió su estructura defensiva con almenas, una muralla almenada que protegía la población y la torre principal del Homenaje, hoy muy deteriorada, que contaba con una estructura independiente a la del castillo.
Estratégicamente, su función era la vigilancia y protección del paso del río Leza. La primera mención al castillo en “nuestra” Historia es del año 960. En él hubo encarcelados ilustres, perteneció a varios reyes, fue regalo de boda, monasterio…. Y además ha ejercido durante siglos la misión de vigilante fronterizo y reclamado sucesivamente por los reyes de Navarra o por los reyes de Castilla o Asturias según la época. En 1931 es declarado Monumento Nacional y donado a la Diputación de Logroño para su cuidado y conservación.
Pero el Castillo de Clavijo es famoso por su protagonismo en una macroleyenda.
Cuentan que a sus pies, en el llamado Campo de la Matanza, se disputó una de las batallas más famosas de la Reconquista y a la que da nombre: La Batalla de Clavijo, el 23 de Mayo de 844, según el Arzobispo Jiménez de Rada, Arzobispo de Osma y de Toledo. Batalla disputada entre las tropas de Ramiro I, refugiadas en el castillo y las de Abderramán II que lo rodeaba con un numeroso ejército. Ésa es la primera leyenda, pues esa batalla nunca tuvo lugar.

Pero aún hay una leyenda dentro de la leyenda: se cuenta que Ramiro I tuvo un sueño la noche anterior a la batalla, en el que se le aparecía el Apóstol Santiago, asegurándole que él guiaría las tropas a la victoria y al día siguiente, el ejército del rey cristiano comandado por el Apóstol sobre un resplandeciente corcel (como Gandalf pero en blanco) vencieron a la horda infiel. Esta leyenda es la causa de que el Apóstol se convirtiera en símbolo del combate contra el Islam y de que desde entonces pasara a la posteridad como “Santiago Matamoros”.
Y una tercera leyenda dentro de las anteriores: el supuesto motivo de la batalla no tuvo nada que ver con la reconquista sino con el llamado “Tributo de las 100 Doncellas”, que los cristianos debían pagar a los emires árabes para mantener la paz. 100 jóvenes vírgenes, 50 de sangre noble para concubinas y otras 50 plebeyas para el disfrute de ejércitos y criados que debían ser entregadas por Ramiro I y que éste se negó a pagar.
Y es que cuando hay mujeres de por medio…..
Marga G.-Chas Ocaña

Algo que despierta habitualmente nuestra curiosidad, es el conocimiento sobre nuestros ancestros. No sólo la Historia, sino la Prehistoria nos aporta datos sobre quiénes somos y de dónde venimos y siempre nos parece algo llamativo, no pertenece a nuestro presente, pero de alguna forma es como si nos perteneciera un poco a todos.
En la línea de las cumbres de la Sierra de Cameros que separa los valles de¡ los ríos Iregua y Leza se encuentra un conjunto prehistórico de 10 dólmenes que conforman el conjunto más numeroso de La Rioja y uno de los más importantes de España y no son los únicos.
Son vestigios de los que fueron los pobladores iniciales de La Rioja, los primeros en asentarse, en cultivar la tierra y en organizarse socialmente.
Los dólmenes son monumentos funerarios colectivos. Las losas características a la vista no son más que la protección de la entrada a una cámara en cuyo interior se realizaban los enterramientos. En otros casos las entradas están únicamente delimitadas por tierra y piedras, sobre todo en el Neolítico.
Es una pena porque a pesar de varios intentos de restauración por el gobierno de La Rioja, los trabajos siempre se han visto paralizados y hay poca divulgación sobre ellos. Los principales sepulcros neolíticos de Cameros son de difícil acceso y localización. No están señalizados y no es recomendable visitarlos si no es en compañía de expertos.
El que en mejor estado se encuentra es el dolmen del Collado de Mallo, a tan sólo 6 km. del centro de Clavijo. A mitad del recorrido y con sólo un pequeño desvío también podemos ver el dolmen del Portillos de los Ladrones. Es un agradable paseo, el camino está restaurado y el lugar es impresionante.

La “Ruta de los Monasterios” de La Rioja discurre entre dos ciudades emblemáticas: Nájera, donde tiene su origen y San Millán de la Cogolla, donde termina. Es tan rica que merece más de un post.
La Ruta comienza en Nájera. Fue ciudad romana, principal centro alfarero de la península en la antigüedad, castillo-refugio bajo el dominio musulmán, fue Corte para luego ser panteón de los Reyes de Navarra-Nájera y su Rey más grande, Sancho III el Mayor desvió el Camino de Santiago para que pasase por Nájera. Su centro está declarado Conjunto Histórico Artístico. Sólo la visita a la ciudad merece la pena, pero además tiene el extra de la visita al Monasterio de Santa María la Real.
Cuentan que el Rey García Sánchez III, conocido como García el de Nájera encontró en una cueva una milagrosa imagen de la Virgen durante una jornada de caza e hizo la promesa de construir una iglesia en el lugar si salía victorioso en su campaña contra los musulmanes: en 1045 reconquistó Calahorra y cumplió su promesa edificando el Monasterio en honor a Santa María de la Cueva, como se llamó a la imagen. La verdad es que fue un Rey muy activo militarmente, también fue el fundador de la Orden de La Terraza, la orden de caballería más antigua de España.
Del original monasterio románico apenas queda nada, y a lo largo de los siglos ha sufrido reformas y rehabilitaciones. Estuvo ocupado por los clérigos de San Isidoro, por los benedictinos de Cluny, por los franciscanos, sufrió ataques incendios y expolios…
La reforma que ha llegado nuestros días es sobre todo gótica. Consta de tres naves y un crucero. El retablo de la Capilla Mayor es barroco, la sillería del coro un ejemplo del gótico florido, el claustro, llamado de los Caballeros tiene de todo un poco: gótico, plateresco, renacentista y resulta sorprendente la armonía de la mezcla de estilos.
Además están los panteones: Panteón Real, situado bajo el coro desde él se accede a la cueva original que alberga las sepulturas renacentistas de doce de los antiguos reyes y el Panteón de los Infantes, en la Capilla de Santa Cruz, cerca de la entrada. Son los sepulcros de otros integrantes de la familia Real. Destaca el central, de origen románico -aunque sólo queda la tapa original-, perteneciente a Dña. Blanca de Navarra muerta de sobreparto a los 18 años al dar a luz al futuro rey Alfonso VIII de Castilla.
Marga G.-Chas Ocaña

La gastronomía típica de La Rioja es variada. Aunque rica, sobre todo, en carnes hay popularísimas especialidades “a la riojana” como las patatas y el bacalao. Pero si en algo es superlativa la tradición gastronómica de la comunidad es, sin duda, en el concepto de “tapeo”, por su exquisitez, variedad y abundancia.
No podemos hablar de “ir de tapas” en La Rioja, sin pensar en Logroño y en dos de sus calles del casco antiguo: San Juan y Laurel. Con sólo comentar que se las conoce popularmente por “la senda de los elefantes”, porque se allí puedes salir con una buena trompa y a cuatro patas, es suficiente para captar la idea del ambiente. Multitud de locales de todo tipo: bares, tabernas, restaurantes, ofrecen sus especialidades en vinos y tapas, a cuál más exquisita.
Es imposible recorrerlos todos, así que para poder escoger adecuadamente, se puede conseguir una guía en a Oficina de Turismo, donde vienen detalladas las tabernas de la zona con sus especialidades y precios; una información de utilidad para nuestro paladar y nuestro bolsillo.
Cada taberna ofrece su particular selección de vinos por copa y sus especialidades culinarias en “tapa”. La variedad es inmensa: desde las clásicas “bravas” o “tortilla española” hasta sofisticados montaditos de morcilla con huevo de codorniz. Aunque la estrella son los champiñones, grandes, carnosos, a la plancha, con salsa, rellenos…. y el pincho más típico el del Soriano, sobre rebanada de pan y coronados por una gamba.
Aunque para los delicados de estómago, ojo con otro de los productos estrella de la Rioja, presente en muchas de sus recetas: la guindilla.
Marga G.-Chas Ocaña

Hace millones de años, cuando prácticamente toda Europa estaba bajo el mar, la desembocadura del río Ebro era una gran marisma, con abundancia de agua y vegetación. El Delta del Ebro acaparaba grandes valles que eran vergeles habitados por varios tipos de dinosaurios durante el Jurásico y el Cretáceo, cuyas huellas han perdurado hasta nuestros días.
Parece el principio del guión de una película pero es la pura realidad. La Rioja es un referente a nivel mundial por la gran cantidad, calidad y variedad de yacimientos icnitas (huellas de pisadas de dinosaurio).
El descubrimiento de las huellas no es reciente. Dada la cercanía y en casos coincidencia con la ruta del Camino de Santiago, durante siglos se atribuyeron las marcas a la impronta del caballo del Apóstol Santiago, ése que todo el mundo sabe que era blanco.
En total hay 110 yacimientos repartidos por 20 municipios. Se pueden realizar tres rutas que visitan diferentes yacimientos: Leza-Jubera, Alhama-Linares y la que quizá es la más popular, las de Cidacos, en el término municipal de Enciso, donde hay catalogadas más de 3.000 huellas y donde se encuentra el Centro Paleontológico de Enciso.
Enciso mismo es origen y final de una ruta fácil de 6 kms que se puede hacer a pie o en coche, que pasa por 3 yacimientos y en la que se puede hacer desde senderismo hasta visitar instalaciones de ocio temático. Si se va con niños, es recomendable el yacimiento de Valdecillo que posee reproducciones de dinosaurios a tamaño natural.
Y, por supuesto, se debe visitar el Centro Paleontológico, dedicado a la investigación, no sólo de las icnitas, sino también de restos fósiles de otros animales y plantas y a la divulgación de los resultados de estas investigaciones, así como la producción y albergue de exposiciones temáticas en sus distintas salas.
Marga G.-Chas Ocaña

En La Rioja, tierra de excelentes caldos, han desarrollado una nueva oferta turística alrededor de una de sus grandes excelencias –que no la única- : el vino. La denominación es “Enoturismo” y gracias a él, su stand fue el más visitado de FITUR en su pasada edición.
La Rioja es para un amante del buen vino, lo que una playa hawaiana para un amante del surf, y el enoturismo una nueva forma de poder compaginar, en un mismo viaje, cultura, tradición, modernidad y por supuesto los mejores vinos riojanos de tradición.
Las posibilidades para el “enoturista” son amplias y variadas. Puede, por ejemplo, visitar bodegas; tanto las más tradicionales con sus barricas centenarias como a las más vanguardistas, para conocer sus instalaciones.
El turista dispone de una amplía oferta de alojamientos en establecimientos de categorías y precios variados, con completos programas para dar a conocer la cultura del vino, muchos de ellos situados además en bellísimos parajes, rodeados de viñedos que darían envidia al mismísimo Falcon Crest.

El verdadero amante de los caldos puede recorrer varios de Museos del Vino, que permiten al visitante conocer la huella que el vino ha dejado en la cultura riojana a través de diferentes disciplinas y su influencia en el mundo, o simplemente conocer los procesos de elaboración con modernas técnicas exposititas interactivas.
Existe un circuito llamado “Arquitectura del Vino”, que incluye varias Bodegas cuyas instalaciones han sido galardonadas con el Best Architecture en distintas ediciones, como las Bodegas Campo Viejo o las Bodegas Regalía Ollauri, incluso las Bodegas López de Heredia Viña Tondonia, que cuentan con una exclusiva boutique de la Premio Pritzker, Zaha Hadid. Pero también un circuito por las Fiestas del Vino, populares para los amantes de la fiesta y la tradición.
Y para los que no quieran dejar un solo caldo por probar está el Vinobus, para hacer un recorrido visitando paisajes de ensueño, lugares de trascendencia cultural y un recorrido por sus bodegas, sin miedo a incumplir la ley cogiendo el coche después de unas copitas.
Marga G.-Chas Ocaña

En la localidad de Elciego, en la Rioja alavesa, está una de las bodegas mas espectaculares que tenemos en España.
Y nos es para menos ya que el arquitecto de esta bodega es Frank Gehry , el mismo arquitecto de las sedes del Museo Guggenheim de Nueva York y Bilbao.

Las Bodegas Marques de Riscal son la los dueños de esta joya que ademas de bodega es un hotel de lujo.
Un precioso conglomerado de aceros con los colores de la botella del Marqués.
Las bodegas te transporta a un viaje en el tiempo que engloba tres siglos diferentes: la segunda mitad del siglo XIX, época en que se fundó la bodega, pasando por todo el siglo XX, momento de consolidación de la misma, hasta el siglo XXI en el cual se inaugura la Ciudad del Vino y se produce el despegue internacional de las bodegas.

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